Torralba's Way - Matilde Marmota

Torralba’s way

El viernes salí de casa como si me fuera a la guerra. Besos, abrazos, “¡Vuelve, mamá!”. Había superado toda una semana de “pero yo para qué me apunto a estas cosas”, el Sr. Marmota me había comprado unas cadenas para analfabetos (la excusa de no ir por el temporal ya no valía) y había conseguido meter en la maleta una cantidad de ropa suficiente para vivir a la intemperie en Siberia sin temor a coger un resfriado.

Hace unas semanas, en un arranque de arrojo y decisión, me apunté al Fin de semana fotográfico en Torralba de los Frailes con Álvaro Sanz. Cuando una se apunta a estas cosas, impulsada por la inconsciencia y el imaginario colectivo, no se para a pensar en los detalles escabrosos del asunto pero conforme se va acercando la fecha, el pánico a lo desconocido te provoca micro-ictus cada vez que te enfrentas a tus miedos más básicos: “¿roncaré como un tejón y mi marido, que me adora, nunca ha sido cristalino al respecto?” “¿soy la freak que me llevo mi cartón de leche de soja o bebo leche normal y que se acabe el mundo?” “¿mi pijama me define como una petarda pre-cuarentona, ñoña y sin estilo?”. Inseguridades de andar por casa que pueden llegar a desvelarte un martes cualquiera pero las vas sorteando con más voluntad que éxito y una vez en el coche, lo demás viene rodado.

Conocer a Álvaro y saber que la cosa va a salir bien es todo uno. Te recibe transmitiéndote la sensación de que lleva toda la vida esperándote y por fin os habéis encontrado. Torralba es su plan, su gran plan. Lleva 15 años volviendo por San Blas para celebrar una especie de homenaje al ser humano, a las tradiciones ancestrales y a la autenticidad vital. Quiere que le acompañes, que tú también vivas esa experiencia, que lo hagas desde detrás del objetivo de tu cámara y que en el proceso mejores la técnica, pero vaya, que si no la mejoras, será cosa tuya porque él comparte todo lo que sabe con una generosidad sin límites.

Todos los que nos vamos encontrando allí tenemos algo en común aunque al principio todavía no sabemos qué es exactamente. Los hay que vienen solos, los que vienen juntos, los que se alejan de sus penas, los que se reencuentran con los amigos de ediciones pasadas y los que se traen a la parienta y los cachorros con tal de venir. Los hay más simpáticos y más tímidos, mas expresivos y más somorros pero todos, todos, tenemos una chispita de orgullo en la mirada por estar allí.

Hemos compartido mantecados, hecho gorgoritos a Alma, degustado flanes caseros y puesto gaseosa al vino para mejorarlo un poco. Hemos desvelado miserias en la ronda de presentaciones y aceptado unas limitaciones más que otras. Hemos entendido la diferencia entre “El Santo” y “El lámpara”, aprendido a deletrear James Nachtwey y bailado al son de la orquesta “Impacto”. Hemos pujado por unos caldos de la comarca, bailado “I spy” de Mikhael Paskalev en mitad de la carretera al amanecer y perseguido grullas a 100 km/h para sacarles fotos. Hemos añadido efectos especiales a las fotos con el vaho de nuestros gaznates y echado alguna lagrimilla con el documental de Álvaro sobre Torralba. Hemos vivido al límite con los coches en la nieve, gritado al eco del Río Piedra y nos hemos hecho los muertos a ver si los buitres bajaban a buscarnos. Hemos hecho fotos, muchas fotos y ha habido risas, muchas risas.

Como tantas cosas en la vida, las escapadas con Álvaro no se pueden explicar, sólo se pueden entender cuando has estado allí.

Torralba's Way - Matilde Marmota

Amanecer en Torralba de los Frailes

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